En las sociedades más primitivas el Perfume era un instrumento para la identificación y reconocimiento de objetos, la caza y la pesca. Pronto las primeras civilizaciones como asirios, fenicios e hindúes y chinos conocieron el incienso y comenzaron a usarlo, así como a quemar hierbas y plantas.

Babilonia fue, durante un largo periodo, el almacén de aromas del mundo entero.
Podemos decir que el perfume comenzó en los ritos religiosos y terminó por extenderse a la vida privada.
De aquí pegamos un salto enorme hasta Egipto. Los egipcios incluso creían que el perfume como presencia espiritual sobrevivía a la muerte de los hombres. Usaban las fragancias para todo; para ceremonias religiosas y rituales políticos y sociales. Asociaron el perfume a la inmortalidad y era una parte muy importante del mortuorio egipcio y de las técnicas de embalsamamiento. Las damas egipcias eren grandes aficionadas a los aromas y a los baños, al frente Cleopatra, siempre eterna e inolvidable.
Los hebreos tomaron el uso de los perfumes de los egipcios, la fragancia era un medio para complacer a Dios al igual que los griegos para los que el perfume era un artículo puramente divino.
Tanto en Egipto como en Grecia la perfumería estaba considerada como una rama de las ciencias médicas.
Desde aquí viajamos a Roma. Las ciudades romanas eran un verdadero mapa olfativo conceptualizado. Los romanos no sólo aprendieron de los griegos las técnicas para extraer perfumes sino que las mejoraron.
Desde Roma el término “per fumum” comienza a girar alrededor del mundo y la cultura del baño se hace rutina.
Sin embargo, con la llegada del cristianismo se produjo un giro de 360 grados. La Iglesia abolió los baños públicos.
En la Edad Media de la mano del cristianismo entramos en un periodo oscuro para la perfumería. La peste negra y las plagas logran devastar Europa… pulgas, piojos, ácaros….. Sólo en culturas ausentes de culto católico, persas, árabes…conservan el arte de la perfumería. De hecho, los árabes se hacen con el monopolio mundial del comercio de especias e incienso. Después las Cruzadas primero y después Colón con el descubrimiento del Nuevo Mundo abren las puertas de un renacimiento Olfativo con nuevas materias primas, plantas y esencias de lugares lejanos.
Durante el Renacimiento; las cortes, los primeros burgueses catapultan el arte de la perfumería. Hipócritamente se produce un retroceso en las medidas de higiene enmascaradas por tabaco y fuertes olores y perfumes; su epicentro Luis XVI y la corte francesa de Versalles.
Paralelamente, la profesión del perfumista al margen de todo esto es cada vez más respetada.
Con el nacimiento de las ciudades y la revolución industrial el carbón tiñó las ciudades de negro y de basuras. A partir de este punto comienza a pensarse que el aire puro tiene mucho que ver con la salud, «la cura del aire» se transforma en una prescripción médica. Ya para principios del siglo XIX se toma una mayor conciencia de salud pública y comienzan las primeras reformas sanitarias. Hablamos de «desinfección» y «desodorización» de las ciudades con cloacas, alcantarillas, el aire comienza a circular, pavimento, calles anchas… hablamos de una revolución en la limpieza cívica y en la higiene personal.
Finalmente entre los siglos XIX y XX de la mano de la química ya nace la gran industria perfumística hasta la actualidad.
Ya desde principios del siglo XIX el mundo de las fragancias se convierte en un símbolo de tradición, prestigio y refinamiento.
De todo este viaje de la mano de los aromas a través de la historia podemos ver como las diferentes culturas otorgan diferentes posiciones al sentido del olfato y el mundo de los olores.
Vemos como los olores se describen de manera distinta en las diferentes sociedades, como existe un “aprendizaje cultural “en reacción a los olores humanos y como los valores se aprenden y transmiten. Como pasamos de un uso religioso, mortuorio e incluso divino a un producto de higiene y de un producto de higiene a un producto de lujo.
