La dulcamara – azarimatz, moreno-belar (Solanum dulcamara) es una liana perenne de tallos cilíndricos, trepadores, volubles y ramificados. No suele sobrepasar el metro de altura, aunque puede trepar hasta los 2 o más metros si tiene buenos apoyos. Las hojas son de forma variable, lanceoladas, ovadas o acorazonadas, con uno o más lóbulos en la base y un peciolo bastante largo. Las flores se organizan en racimos terminales o laterales, compuestos por entre 5 y 20 flores de pétalos morados y estambres amarillos. Florece en verano entre junio y septiembre. El fruto son bayas esféricas o elípticas, carnosas con numerosas semillas en su interior, primero de color verde y después de color rojo brillante al madurar. Las bayas son tóxicas para muchos mamíferos, incluidos los humanos, pero sirven de alimento para pájaros, que se encargan de diseminar las semillas. Crece en zonas más bien sombrías y de clima templado, cerca de cursos de agua, bosques de galería, setos y entre matorrales. Parecer ser que el nombre de «dulcamara» proviene del hecho de que el sabor de las bayas resulta primero dulce y después amargo. Durante la edad media se aplicaba en forma de cataplasmas para embellecer la piel y quitar manchas y se le atribuían virtudes mágicas, se creía que protegía del mal de ojo al ganado si se colgaba alrededor del cuello.

Toda la planta es venenosa, contiene glicoalcaloides esteroídicos – heterósidos de la soladucidina, del tomatidenol y de la solasodina, variables según quimiotipos y también contiene saponósidos bidesmósidos de un furostano, la protoyamogenina. El contenido en alcaloides varía según la parte de la planta, máximo en fruto verde (0,65% de la masa desecada) y mínimo en el fruto maduro. Los glucoalcaloides de las solanáceas se degradan durante la maduración de los frutos. La intoxicación produce vómitos, dolor abdominal, diarreas, aceleración del pulso, dilatación de las pupilas, parálisis, otras alteraciones del sistema nervioso y coma precedido de convulsiones violentas. La dosis mortal para un niño son 30 o 40 bayas aún no maduras, que son más tóxicas.

A pesar de su toxicidad, a la dulcamara también se le atribuyen propiedades medicinales siempre bajo estricta supervisión médica. La Agencia Europea del Medicamento (EMA) y la Comisión E aprueban el uso tradicional de los tallos para el tratamiento del eczema crónico en infusión o decocción aplicados tópicamente 1-5 veces al día.
Tradicionalmente se han utilizado los tallos y corteza tópicamente, como analgésico en forma de compresas sobre la piel para tratar eccemas, heridas y úlceras. También se pueden aplicar las bayas en las picaduras de avispas. Los frutos macerados en vinagre se emplean para inflamaciones. Sin embargo, las bayas «frescas» no se deben aplicar sobre las mucosas ni en zonas cutáneas alteradas (heridas, úlceras, quemaduras, eczemas).

Tradicionalmente se han empleado los tallos y la corteza de forma interna como diurético y laxante, considerándose «depurativo»para tratar artritis, reumatismos, gota, y colitis ulcerosa entre otras dolencias. El tallo seco recogido en otoño, de plantas de 2 años, es la más usada . Dada su toxicidad no debe ser utilizada para automedicarse y es prefrible optar por otras plantas inocuas.