Ya quedan pocos días para que octubre llegue a su fin y nos acerquemos a la festividad de Todos los Santos. El ahora llamado Halloween tiene sus raíces en la antigua festividad celta de Samhain, quizás la celebración celta más importante que hubo en la Europa pagana. Los antiguos pueblos celtas celebraban dos cosas en Samhain, por un lado, era un momento para rendir culto a sus antepasados fallecidos y, por otro lado, Samhain marcaba el fin de la temporada de las cosechas. Era importante ya que coincidía con el año nuevo celta y daba paso a la estación oscura, que indicaba el fin del verano. La festividad de samhain era un importante punto de inflexión dentro del ciclo natural, que anunciaba la llegada del frío del invierno y dentro del año pastoril, marcaba el momento en el que los animales eran traídos desde los campos, algunos para ser sacrificados y adobados para el invierno, y otros para ser cuidados como animales de cría.
Para los celtas, el año se dividía en dos mitades, la mitad oscura cuyo comienzo se situaba en el mes de Samonios (lunación octubre-noviembre o noche de Samhain), y la mitad clara, que comenzaba en el mes de Giamonios (lunación abril-mayo o noche de Walpurgis). Los celtas consideraban que el año comenzaba con la mitad oscura, y la celebración del año nuevo se prolongaba durante las «tres noches de Samonios», que se correspondían con la luna llena más cercana entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno y que daba lugar a las celebraciones.
Samhain era una época de luto ritual y simbólico por la muerte del verano y un momento de gran peligro para la mentalidad antigua. En Samhain desaparecían transitoriamente las barreras temporales y se producía un desequilibrio en el que el tiempo y el espacio quedaban temporalmente congelados y las leyes normales suspendidas. Los druidas afirmaban que en esta noche los límites entre el mundo de los vivos y de los muertos se desdibujan hasta tocarse los dos mundos. Las barreras se rompían y se abría la puerta al reino de los muertos y era un momento en el que se aprovechaba para que los vivos se encontrasen con sus familiares fallecidos.
En Samhain los celtas rendían culto a los ancestros, y realizaban diversos ritos sagrados en los que se comunicaban con los difuntos, homenajeando a los que eran benévolos y tratando de alejar a los que querían hacerles daño. Se servían de máscaras escalofriantes y fuego para ahuyentar a los malos espíritus, de donde se piensa que pudo venir la actual tradición de disfrazarse. A los buenos, por su parte, les dedicaban banquetes y ofrendas. También era costumbre dejar comida y dulces afuera de sus casas a modo de ofrenda y encender velas para ayudar a las almas de los muertos a encontrar el camino hacia la luz. Con la inmigración europea a los Estados Unidos, principalmente la de los irlandeses católicos en 1846, llegó esta tradición al continente americano. Fueron estos inmigrantes irlandeses que en siglo XIX llegaron a Norteamérica, los que se llevaron consigo no solo sus maletas, sino también todas sus creencias y tradiciones, y entre ellas la festividad celta de Samhain – Halloween, tenían la costumbre de usar nabos para hacer faroles con la intención de iluminar y homenajear a los muertos. Dada la escasez de nabos, y la abundancia de calabazas, más fáciles de vaciar y tallar, los sustituyeron por estas.
Con la llegada del cristianismo Samhain se convirtió en All Hallow´s eve: vispera de todos los santos. Que evolucionaría hasta la conocida Halloween.
La energía de la noche de Samhain es innegable, un momento del año para a nuestros ancestros, rendir tributo a nuestros antepasados y para meditar y liberarse de las debilidades. Una noche no sé si mágica, pero si cargada de siglos y siglos de tradición, empapada de simbolismo y que marca un punto de inflexión en el ciclo natural del año. Sin caer en misticismos, mencionar tres hierbas históricamente protectoras para esta noche – el laurel, el romero y la canela.

A mí hay tres rituales , llamémosles costumbres que me gustan para esta noche tan especial:
- los árboles en la cultura celta tienen enorme importancia y esta noche el roble es el protagonista. Dicen que has de abrazar un roble al atardecer del día de difuntos y pedirle a los genios que lo habitan su protección para que ningún espíritu del mal se te acerque, ni esa noche, ni en las noches del resto del año y dejar dentro de una de sus oquedades una papel escrito con todo aquello que le contarías a un buen amigo.
- Colocar sobre el cabecero de la cama una rama de laurel con la intención de proteger y limpiar el hogar.
- Conseguir un número impar de castañas o manzanas (los números impares representan el cambio) y colocarlas en las esquinas de las habitaciones de la casa para atraer a tu vida y la vida de los habitantes de la casa protección y prosperidad.

Fotos y Textos [TS]. Derechos Reservados