Hoy os acerco una preciosa flor conocida vulgarmente con el nombre de aguileña (Aquilegia vulgaris) también apodada en ocasiones con curiosos nombres como pata de gallo europea, alcatraz de la abuelita, frailes boca abajo, campanilla y calzones de oso. Florece de abril a agosto destacando entre las demás por sus grandes flores de un llamativo color morado o púrpura, a veces algo azulado que surgen agrupadas y que caen flácidamente. Es una planta que puede alcanzar alturas de 30 – 80 cm, sus tallos son delgados y sus hojas son de color verde oscuro, grandes y pecioladas, las basales forman una roseta y son pecioladas y las caulinares tiene segmentos enteros y un corto pecíolo. Después de la floración aparecen los frutos que contienen numerosas semillas brillantes de color oscuro, que son las partes de esta planta de mayor interés medicinal.
La aquilegia pertenece a la familia de las ranunculáceas, es una planta herbácea perenne, espontánea de regiones templadas de Europa central y Asia, donde crece en lugares frescos y húmedos, zonas boscosas y orillas de cursos de agua. Tambies es un género muy cultivado como ornamental, se plantaba ya en los jardines medievales. A día de hoy existen numerosas variedades de jardinería muy apreciadas para dar color al jardín al inicio del verano.
Se cree que el nombre latino del género Aquilegia deriva de la palabra latina «aquila», que significa águila, probablemente por que las espuelas curvadas del néctar se asemejan a un pico de águila o una garra de águila. También se cree que podría provenir de las palabras latinas «aquam legere» que se traduciría como «para recolectar agua» aludiendo a la forma de embudo de la flor.

Desde la antigüedad, se ha reconocido esta planta como medicinal, aunque eso no quita que sea peligrosa por su elevada toxicidad. A día de hoy se desaconseja totalmente su uso. La aquilegia es considerada una planta venenosa pues en su composición encontramos pequeñas cantidades de glucósidos cianogenéticos que liberan ácido cianhídrico y alcaloides similares a los de los acónitos (diterpénicos), además de saponinas triterpenoides y flavonoides (quercetina, apigenina).
Sus atractivas flores se han consumido en ensaladas y se han usado como sustitutas del té preparadas en infusión. También formó parte de numerosos remedios populares en decocciones para aliviar fiebres y resfriados y como diurética y depurativa.
La semillas se han usado como parasiticida para eliminar los piojos y garrapatas, se ponían molidas y maceradas en aceite de oliva y se mezclaban con agua para crear una pasta o ungüento que se colocaba sobre erupciones e irritaciones ayudando a reducir el picor y el enrojecimiento.
Aunque hemos visto que en el pasado las hojas, las flores e incluso las semillas se utilizaban con fines terapéuticos, hoy sabemos que es una planta potencialmente tóxica y que su uso fuera del control de un experto puede llegar a provocar convulsiones e incluso la muerte por parálisis cardiaca o respiratoria.