El frambueso o frambuesa (Rubus idaeus) es un arbusto perenne perteneciente a la familia de las Rosáceas, nativo de Europa y del norte de Asia. Puede alcanzar los 2 m de altura. Podremos verlo creciendo en claros de bosques o prados, pero sobre todo lo encontraremos cultivado, como es el caso del que os acerco en esta foto, que lo encontré curiosamente plantado en un pequeño jardín de un bar del casco antiguo de mi ciudad. El frambueso se puede cultivar de forma muy fácil y puede extenderse rápidamente, prefiere suelos con profundidad y acidez. Sus tallos son espinosos, aunque no tan fuertes como los de su pariente la zarza, sus hojas son blanquecinas por el envés, y sus flores son pequeñas y de color blanco o rosado. Su fruto, la para todos conocida “frambuesa”, es una polidrupa. Cada frambuesa consta de alrededor de unas ochenta drupas llenas de jugo. Las frambuesas maduran a finales del verano o a principios del otoño.

Aunque identificamos la frambuesa con el color rojo, se pueden encontrar también amarillas y negras, incluso anaranjadas y blancas. Como todos habréis podido comprobar en vuestros hogares, la frambuesa es una fruta muy perecedera en la que proliferan los mohos y hongos a las pocas horas de su recolección, por lo que deben conservarse en el frigorífico donde tan solo durarán entre dos y tres días.
Las frambuesas son ricas en vitaminas, minerales y ácidos orgánicos: betacaroteno, vitamina C, ácido fólico, ácidos cítrico, salicílico, málico, tartárico y en especial vitamina E. Aunque en menor cantidad, también aporta vitaminas del grupo B, sobre todo B2 y B6. Tienen muy poca cantidad de azúcares, en su mayor parte fructosa, por lo que son bastante bien toleradas por los diabéticos. La frambuesa destaca de manera especial por su alta capacidad antioxidante, contienen sustancias fitoquímicas como el ácido elágico, la quercitina, la cianidina o las antocianinas que ayudan a prevenir la oxidación y el envejecimiento celular, bloqueando el efecto nocivo de los radicales libres.
Las frambuesas son muy refrescantes y tonificantes, además de ayudar a detoxificar el organismo ayudan a combatir el estreñimiento. Se recomienda el consumo de frambuesas en dietas de adelgazamiento ya que aportan muy pocas calorías y además son diuréticas, por lo que ayudan a mejorar la retención de líquidos y son beneficiosas también para trastornos renales. El zumo de frambuesa se utiliza para tratar la cistitis y piedras en los riñones, aunque puede ser contraproducente en casos de insuficiencia renal.
Se trata de una fruta muy versátil, lo ideal es consumirlas frescas, las podemos utilizar en recetas tanto dulces como saladas. Además de en repostería, se utilizan para acompañar platos de carne, especialmente en aquellas con sabores potentes como la caza o el pato. Lo ideal sería no lavarlas para no alterarlas demasiado ya que absorben mucha agua y se reblandecen y pierden sabor. El calor destruye muchos de sus nutrientes más preciados, como la vitamina E y otras sustancias antioxidantes, es mucho mejor degustarlas en crudo siempre que se pueda. La fruta solo se desaconseja en los casos de gastritis o úlceras de estómago. También es una de las frutas que puede causar reacciones alérgicas con facilidad.
Puede que muchos hayáis oído hablar de las famosas “cetonas de frambuesa” para la pérdida de peso, ya que la suplementación con este componente se ha hecho muy conocida en los últimos años para disminuir la grasa corporal., aunque todavía no hay suficientes evidencias científicas que respalden esta propiedad de la frambuesa. Por ello, es conveniente ser moderado con su uso, pueden causar nerviosismo, taquicardia o aumentar la presión arterial.
Las hojas de frambuesa son ricas en taninos, ácidos orgánicos y flavonoides, y con ellas pueden elaborarse infusiones que se han utilizado tradicionalmente para aliviar los dolores menstruales (se recomendaba empezar a tomarlas unos días antes de la llegada de la menstruación) pues ayudan a reducir el sangrado, las molestias y los calambres, y también se recomendaba tomar hojas de frambuesa en infusión cada día durante los tres últimos meses del embarazo, y durante el parto, ya que acelera el trabajo de parto y reduce las complicaciones, aunque faltan estudios científicos que confirmen este uso. La dosis diaria normal es de 1 a 2 tazas de té. La infusión se prepara con una cucharada mediana por taza de agua hirviendo y dejando reposar, entre 5 y 10 minutos. La misma infusión se puede utilizar para ayudar a cortar o reducir los procesos diarreicos, para realizar gargarismos en caso de inflamaciones o dolores en la garganta y encías inflamadas, y para aplicar externamente sobre heridas en la piel, dermatitis, eritemas e infecciones oculares.
Como precauciones a tener en cuenta, recordar que por su contenido en taninos las infusiones de frambuesa pueden producir molestias gástricas en personas sensibles y con estómagos delicados. A pesar de la multitud de recomendaciones en remedios populares, no hay suficientes datos sobre la seguridad de su uso durante el embarazo y la lactancia.