En estos primeros días de septiembre los campos de girasoles lucen espectaculares en mi tierra. Siempre se habla de todas las virtudes medicinales de su preciado aceite y de sus pipas, pero hoy quiero acercaros unas palabras sobre su fuerte simbolismo y el importante mensaje que nos deja esta alegre flor.

Los grandes discos florales de los girasoles están formados por multitud de diminutas flores que se disponen formando un círculo perfecto que sigue el llamado “modelo de la espiral de Fermat” o “espiral parabólica “y que hacen que se asocie a esta bella flor con el cosmos, la inmortalidad, la evolución, el crecimiento personal y la conexión con lo divino. Para muchas culturas, la flor del girasol simboliza la buena suerte, la salud y la felicidad y por su color amarillo ha sido considerado un amuleto para atraer fortuna y riqueza.
Como su propio nombre nos indica sus grandes discos florales tienen la capacidad de girar siguiendo la dirección del sol a lo largo del día, comenzando por el este al amanecer, y quedando orientada al atardecer hacia el oeste, de manera que los rayos solares siempre inciden de forma perpendicular sobre ellas y de esta forma incrementan la cantidad de luz que pueden absorber a lo largo del día. Su heliotropismo, es decir, su constante búsqueda del sol, a nivel espiritual representa para algunas religiones la búsqueda permanentemente de Dios y de lo divino.
Por otro lado, si nos fijamos, el gran tamaño y peso que alcanzan sus flores en su ansiado apogeo hacen que tiendan a doblarse o a inclinarse hacia delante, dejándonos un mensaje que combiene recordar y, más si cabe, ahora que volvemos a las obligaciones y a las rutinas: «hay que moderar la ambición y las ganas de crecer, para no terminar cayendo». Los elixires florales de girasol, curiosamente por esta razón, se recomiendan para ayudar a mejorar la postura y regenerar la columna vertebral y también para ayudar a controlar el ego.
Espero que os haya gustado.
Feliz septiembre amigos silvestres