«Las flores han sido desde el inicio de los tiempos grandes protagonistas de la perfumería. Sus aromas delicados y envolventes evocan jardines y campos floridos y nos hacen sentir profundamente conectados con la naturaleza y toda su belleza.

Simbolizan el amor, la pureza, la sensualidad, el duelo, la celebración y la espiritualidad. Suelen ocupar el corazón del perfume, uniendo cabeza y fondo. Pueden ayudarnos a suavizar maderas, resinas, especias y a actuar como puente entre notas verdes y dulces. También pueden ser el acorde principal que sostiene el perfume. No solo aportan moléculas aromáticas extraordinarias, sino que también cargan siglos de simbolismo cultural, ritual y estético.
Tradicionalmente las flores suelen ser las protagonistas de perfumes femeninos, delicados y románticos; sin embargo, las flores hablan muchos idiomas, pueden ser frescas, cremosas, indólicas, verdes, afrutadas, especiadas o, incluso, animales.
Las flores siempre han supuesto un gran reto para los perfumistas, algunas por sus bajos rendimientos de extracción y por el elevado coste de sus extractos (rosa, jazmín, iris) y otras por su «silencio» y la ncesidad de poner voz recreando sus aromas, «flores silentes o mudas” (lirio del valle, gardenia, peonía).
¿Cuales son vuestras preferidas? Os confieso que a mi me cuesta elegir una o más bien unas pocas. Rosa, azahar, violeta…
Pequeño extracto del curso:
«Perfumería Natural Tradicional»
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