El Cornejo, Corno durillo, Escuernacabra, Sangueña – Judas-egurra- Cornus sanguinea L. es un arbusto o árbol de pequeño tamaño, de entre 2 a 4 metros de altura, de tallos erectos con ramas opuestas, su tono verde de primavera y verano se torna de color rojo vino hacia el otoño, de ahí su nombre específico sanguínea. Las hojas son opuestas, de forma ovada o elíptica, con el ápice agudo, la base redondeada y los nervios bien marcados. Las flores se reúnen en inflorescencias corimbiformes de color blanco que florecen de mayo a junio. Los frutos maduran en otoño y son brillantes, globosos y carnosos, de color negro azulado, con dos semillas en su interior. Su madera es apreciada en ebanistería por su color blanco y por su dureza. Se utiliza para hacer mangos de herramientas. Lo encontraremos en ambientes algo sombríos y húmedos, aunque lo vistoso de su cambio de color en otoño al rojo vinoso, su floración blanca y sus frutos negros ha hecho que muchas de sus variedades y otras especies del género se reproduzcan en viveros para jardinería y se vean con frecuencia en parques, paseos y jardines. El nombre genérico de Cornus es el nombre latino de los cornejos y deriva de la voz griega krános, cerezo, por la similitud de los frutos del cornejo macho.- sanguinea alude al tono rojo sangre que adquieren sus hojas en otoño.

Popularmente se emplean tanto la corteza de las ramas, como las hojas y los frutos. Las hojas contienen ácido salicílico y los frutos ácido málico, polifenoles, flavonoides e iridoides. Las hojas y la corteza se han empleado para cortar la diarrea (astringentes), para bajar la fiebre (febrífugas) y, por su contenido en ácido salicílico para reducir los dolores (analgésicas). Localmente aplicadas en cocimientos, infusiones o en polvo, la corteza y las hojas son detersorias, cicatrizantes y antiinflamatorias; tradicionalmente se han utilizado para la cura de úlceras, llagas y heridas. Los frutos no son comestibles para el ser humano, pues pueden provocar vómitos, pero sí son apreciados por aves y otros mamíferos, que dispersan sus semillas con las heces y favorecen la propagación de la especie. Eso sí, contienen malato cálcico, que se emplea en la industria alimentaria para disminuir la acidez de los alimentos.
