Agua del Carmen

La melisa (Melissa officinalis) ha sido tradicionalmente una de las plantas más utilizadas para aliviar males digestivos causados por nervios, ansiedad y preocupaciones. Su verde y ligeramente alimonado es como un susurro natural que calma al instante. Medicinalmente desde hace siglos se ha utilizado para apaciguar los corazones inquietos, atraer paz doméstica y favorecer sueños tranquilos. Se colocaba en almohadas y se preparaban con sus hojas infusiones nocturnas y baños templados. Es una hierba lunar y protectora, asociada a la dulzura, la claridad emocional y el descanso.

La melisa debe estas virtudes a la sinergia de varios compuestos: los terpenos (citral, citronellol, geraniol), que le aportan su perfume cítrico y sus propiedades antiespasmódicas; los polifenoles (como el ácido rosmarínico) y las cumarinas, que refuerzan sus efectos antiinflamatorios y relajantes. Se utilizan las hojas frescas de melisa que se recolectan en primavera, antes de la floración, que se disipe el rocío, durante un día bonito.

La famosa “agua de carmelitas” que puede que muchos hayáis probado y que aún continúa elaborándose se cuenta que nació en los conventos de carmelitas descalzas entre los siglos XVII y XVIII como un agua aromática medicinal y devocional, elaborada con hierbas digestivas y calmantes. El ingrediente principal de este elixir medicinal era la melisa acompañada de otras plantas como la angélica, la nuez moscada, el clavo, la canela. Este tónico se recomendaba para aliviar la histeria, los desmayos y las indigestiones. Con el tiempo pasó de ser un remedio monástico a un preparado popular vendido en boticas. Se vendía como remedio universal.

La invención de esta agua se atribuye al boticario Pierre Boyer en 1611, se trataba de una mezcla de agua, alcohol y catorce plantas aromáticas y nueve especias, se cuenta que las carmelitas copiarían la fórmula y comenzarían a prepararlaen su convento. La dirección histórica de fabricación es el convento de los Carmes descalzos, calle de Vaugirard en París. Tras la Revolución, la producción se trasladó al 14 rue Taranne, dirección que sigue mencionándose en las botellas de agua de melisa, y más tarde a Carrières-sur-Seine, donde hoy se fabrica con el nombre Renouard Larivière & Cie. Todavía se vende hoy en día el agua de los Carmes en las farmacias.

De las muchas fórmulas que enconteréis esta me gusta especialmente:

500 ml de alcohol neutro al 40-50° (tipo vodka) o aguardiente al 40°

500 ml de agua

50 g de hojas de melisa fresca (3 puñados de melisa fresca)

30 g de ralladura de limón ecológico

7 g de semillas de anís verde

5 g de canela

5 g de clavos de olor

5 g de semillas de hinojo

En un tarro grande de vidrio previamente desinfectado, mezclamos las hojas de melisa ligeramente machacadas, la ralladura de limón, las semillas de anís y de hinojo trituradas en el mortero, junto con la canela y los clavos de olor. Añadimos el alcohol y el agua, removemos y cerramos nuestro frasco. Hemos de dejarlo macerar entre 10 y 15 días en un lugar protegido de la luz. Es recomendable agitar nuestro el tarro 1 vez al día.

Transcurrido este tiempo, colamos la mezcla con un filtro, gasa o paño limpio y lo envasamos en una botella de vidrio oscuro. Tras dejarlo reposar 48 h en la botella, ya estará lista para utilizar.

El agua de carmelitas nos puede venir muy bien en primavera para aliviar la astenia al ayudarnos a levantar el ánimo, despejar la mente y activar la digestión. Se recomienda diluir 10 a 20 gotas en un vaso de agua, en una infusión, o sobre un terrón de azúcar y tomarlas. O también podemos poner unas gotas en pañuelo e inhalar para recibir ese pequeño “empujón aromático” que nos ayude a recuperar el ritmo.

Deja un comentario